—¿Usted afirma que mi cliente salvó al hombre que supuestamente casi mata?
—No lo afirmo por emoción. Lo afirmo por evidencia médica. Un hombre fuera de control no rompe una amenaza, revisa respiración, improvisa una vía aérea y permanece en el lugar hasta oír sirenas. Eso no es sadismo. Eso es entrenamiento. Eso es contención.
La fiscal bajó la mirada.
El juez tomó el comprobante, leyó, y su expresión cambió. Ya no era solo vergüenza. Era enojo.
—Fiscal, ¿por qué esta evidencia no fue presentada?
La mujer dudó.
—Señoría, la investigación policial inicial no incluyó…
—Le pregunté por qué no fue presentada.
Nadie respondió.
Mariana continuó:
—También revisé las lesiones de la mesera. Tenía marcas de presión en ambos brazos, un golpe en la mejilla y rasgaduras en la manga. No era una discusión verbal. Era una agresión en curso.
Mateo cerró los ojos. Una lágrima le cayó por la mejilla. Durante semanas lo habían llamado bestia, peligro, amenaza. Nadie le había preguntado por qué se metió al callejón.
El juez Villalobos dejó el mazo sobre la mesa con cuidado.
—Este tribunal ordena investigar la omisión de evidencia, la posible falsedad en declaraciones y cualquier presión indebida sobre el informe policial. En cuanto al señor Mateo Salcedo, ante la evidencia presentada y la clara supresión de información relevante, los cargos quedan desestimados.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»