ANUNCIO

“Quítese esa chamarra ahora mismo”, gritó el juez …

ANUNCIO
ANUNCIO

El juez asintió lentamente.

—Proceda.

Mariana subió al estrado. Juró decir la verdad. Se sentó. Su rostro volvió a esa calma de urgencias, la calma que aparecía cuando todos los demás se quebraban.

El defensor público se acercó.

—Señorita Rivas, ¿cómo conoce al acusado Mateo Salcedo?

—Lo conocí en un grupo de rehabilitación para veteranos. Él estaba intentando adaptarse a la vida civil. No buscaba pleitos. Buscaba dormir una noche completa sin despertarse creyendo que seguía en zona de riesgo.

—¿Considera que Mateo es una persona violenta?

—No. Mateo es protector. Hay una diferencia enorme entre alguien que disfruta lastimar y alguien que interviene cuando una persona indefensa está en peligro.

La fiscal se levantó.

—Objeción. La testigo está dando una opinión emocional.

—Denegada —dijo el juez, sin levantar la voz—. Continúe.

Mariana miró al jurado.

—Esa noche, Mateo no atacó a tres hombres inocentes. Intervino cuando una mesera fue acorralada por tres sujetos, uno de ellos armado con una navaja automática.

Un murmullo recorrió la sala.

El abogado de Octavio Briseño se levantó furioso.

—No hay ninguna navaja en el informe policial.

—Exacto —dijo Mariana—. Porque alguien decidió que no convenía mencionarla.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO