—La casa se vendió esta mañana.
—¿Qué?
—Veintisiete millones de euros.
—¡Estás loca!
—Tal vez.
Me levanté y caminé hacia la ventana del hotel. París brillaba bajo las luces de la noche.
—Pero hay algo más.
—¿Qué más puede haber?
—El comprador quiere mudarse inmediatamente.
—¡Eso es imposible!
—No lo es.
—¿Quién demonios compraría esa casa tan rápido?
Sonreí.
—El banco.
Silencio absoluto.
—¿El banco?
—Sí.
—Pero…
—Alaric —dije con calma—. Tú pediste muchos préstamos usando tu “estatus”.
—Eso es normal.
—Pero todos estaban garantizados por mi propiedad.
Su respiración se volvió pesada.
—Y ahora que la casa fue vendida… esos préstamos deben pagarse.
—Ariane…
—Hoy.
Escuché cómo murmuraba algo desesperado.
—No puedes hacerme esto.
—¿Recuerdas la foto de boda?
Silencio.
—La vi.
—Ariane, escucha—
—No.
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