El video se cortó unos segundos, como si alguien hubiera pausado la grabación para contener las lágrimas. Ryan respiró con dificultad antes de continuar.
—La noche que supe que Emily estaba embarazada… iba camino a verla. Quería decirle que me casaría con ella, que no me importaba lo que dijera la familia. Pero… alguien me sacó del camino.
Mi corazón latía tan fuerte que apenas podía respirar.
Ryan miró directamente a la cámara.
—Fue **Mark Sullivan**. El socio de la empresa de papá. Él sabía que yo iba a heredar todo… y que, si me casaba y tenía un hijo, el control de la compañía se quedaría en nuestra familia.
La imagen tembló un poco.
—Me provocaron un accidente… luego me mantuvieron aquí, en un hospital privado, con documentos falsos. Dijeron que estaba muerto. Le dijeron a todos que yo había desaparecido.
Sentí que el mundo se inclinaba bajo mis pies.
Ryan cerró los ojos unos segundos antes de susurrar:
—Si no logro salir de aquí… dile a Emily que la amé todos los días de mi vida. Y dile a mi hijo… que nunca fue un error.
El video terminó.
El silencio en la calle era tan profundo que se podía escuchar el viento entre los árboles.
Mis manos temblaban.
—¿Dónde… dónde está Ryan ahora? —pregunté con la voz quebrada.
El anciano Arthur Caldwell bajó la mirada.
—Murió hace ocho años.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
Pero él levantó la cabeza otra vez.
—Murió intentando escapar de aquel hospital ilegal. Cuando finalmente logramos descubrir lo que había pasado… ya era demasiado tarde.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Pero antes de morir dejó instrucciones. Quería que encontráramos a Emily… y a su hijo.
Arthur miró a Ethan, que estaba de pie al borde del camino, sosteniendo el balón de baloncesto contra el pecho.
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