—Vamos a impugnar.
—Pueden intentarlo —respondió la abogada—. Pero el señor Salvatierra lo previó.
Sacó varios documentos.
—Mariana Cruz es reconocida como nieta biológica de Ernesto Salvatierra, por línea de su hija Lucía Salvatierra Cruz. La confirmación genética se realizó con efectos personales conservados por la familia.
Mariana miró al anciano.
—¿Usted sabía?
Don Ernesto asintió, avergonzado.
—Sospeché cuando vi tu dije. Te investigué para protegerte antes de decirlo.
—¿Protegerme de quién?
Él miró a sus hijos.
La respuesta quedó suspendida.
Ángela extendió otro sobre a Mariana.
—El señor Salvatierra pidió que escuchara esto en su presencia. La herencia viene con una decisión.
—¿Qué decisión?
—Puede recibir la mansión y los bienes personales. Pero las acciones principales y el fideicomiso más grande pueden pasar a usted o convertirse en la Fundación Casa Lucía Cruz, para mujeres con hijos que no tienen un lugar seguro.
Mariana sintió un golpe en el pecho.
—La ayuda que mi madre pidió.
Don Ernesto susurró:
—La respuesta que nunca le di.
Valeria soltó una risa amarga.
—Qué noble. Regalar nuestra fortuna a desconocidas.
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