ANUNCIO

Una mujer común encontró una súplica escondida en su regalo de cumpleaños y tuvo que elegir entre obedecer a su marido o salvar a alguien que nadie quería buscar

ANUNCIO
ANUNCIO

—Eso creo. El dueño se llama Elías Montiel. Tiene fama de estar metido con gente pesada. Yo no tenía pruebas, hasta hoy.

Mariana apretó la nota con fuerza.

—Entonces Luz Elena sigue viva.

—O lo estaba cuando escribió eso. Y si la policía no actúa rápido…

No terminó la frase.

Mariana fue al Ministerio Público esa misma tarde. Esperó casi una hora. Cuando por fin un agente la atendió, apenas leyó la nota y encogió los hombros.

—Señora, esto no prueba nada.

—Hay una dirección.

—No podemos catear una casa por un papelito encontrado en un zapato.

—¿Y si hay una mujer encerrada?

El agente suspiró como si ella le estuviera quitando el tiempo.

—Cuando la familia ponga denuncia formal, se revisa.

Mariana salió con rabia y miedo.

En la banqueta, llamó a Iván.

—No van a hacer nada.

Él guardó silencio unos segundos.

—Entonces tenemos que encontrar a la familia de Luz Elena.

Mariana miró la nota otra vez. Esa dirección le quemaba los dedos.

Y en ese momento entendió que el peor error no había sido encontrar el mensaje, sino descubrir que todos a su alrededor preferían fingir que no existía.

Lo que pasó después, Mariana jamás lo habría creído posible…

PARTE 2

Al día siguiente, Mariana despertó con una sola idea: encontrar a Luz Elena antes de que fuera demasiado tarde.

Doña Carmen la esperaba en la cocina con cara de preocupación.

—Tu esposo me pidió que no te dejara salir a hacer tonterías.

—No son tonterías, doña Carmen. Hay una muchacha desaparecida.

—¿Y tú qué vas a hacer? ¿Jugar a la heroína? Mariana, esa gente no se toca. Si de verdad existe algo raro, es peligroso.

—Precisamente por eso nadie la ayuda.

Su suegra no respondió. Solo la miró como se mira a alguien que ya decidió equivocarse.

Mariana se reunió con Iván cerca de la plaza. Él llevaba una libreta con nombres, direcciones y datos que había conseguido preguntando discretamente entre repartidores y taxistas.

—El spa Brisas del Sur abre de noche —dijo—. Pero antes de ir ahí, encontré algo mejor. Una señora de limpieza que trabajó cerca conocía a Luz Elena. Vive en la colonia Oblatos con su mamá y un hermano menor.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO