ANUNCIO

Una madre empezó con mareos, cansancio y dolor de cabeza; todos dijeron que era la edad, hasta que un plomero descubrió en su baño una trampa demasiado perfecta.

ANUNCIO
ANUNCIO

Él volteó hacia la puerta, como asegurándose de que estuviéramos solos.

—Esto no es una fuga, señora.

Me acerqué al hueco. Al principio solo vi tubos y polvo. Luego distinguí algo extraño: un pequeño recipiente transparente conectado a mangueras delgadas, con un líquido verdoso adentro. Las mangueras iban hacia el sistema de ventilación del baño y se mezclaban con la tubería de agua caliente.

—¿Qué es eso? —susurré.

Rubén tragó saliva.

—Es un sistema para liberar sustancias con el vapor. Cada vez que usted se baña con agua caliente, esto suelta pequeñas cantidades al aire. Usted lo respira sin darse cuenta.

Sentí que el piso se movía bajo mis pies.

—¿Sustancias? ¿Qué sustancias?

—No puedo asegurarlo sin analizarlo, pero esto no se instala por accidente. Está hecho para enfermar a alguien lentamente.

El corazón me golpeó el pecho.

—Yo… yo he tenido mareos, dolor de cabeza, cansancio…

Rubén cerró los ojos un instante, como si confirmara algo que no quería confirmar.

—Eso es lo que pasaría al principio. Luego vendrían problemas respiratorios, debilidad severa, daño en órganos. En una mujer de su edad, todos pensarían que fue algo natural.

Me llevé una mano a la boca para no gritar.

En ese departamento solo vivíamos 3 personas. Yo, Daniel y Mariana.

Y Daniel trabajaba en una empresa de productos químicos para la industria alimentaria.

Rubén metió cuidadosamente un poco del líquido en un frasco pequeño.

—Señora, escúcheme bien. Agarre solo lo indispensable. Documentos, tarjetas, medicamentos y una muda de ropa. No llame a su hijo. No confronte a su nuera. Salimos en 5 minutos.

Caminé hasta mi cuarto sintiendo que las piernas no eran mías. Guardé mi credencial, papeles del banco, un suéter, mis medicinas y una foto antigua de Daniel cuando tenía 6 años, sonriendo con chocolate en la boca.

Miré esa foto y sentí que algo dentro de mí se rompía.

Cuando volví al baño, Rubén ya había tapado el hueco de forma provisional, como si nunca hubiera abierto la pared.

—¿Lista? —preguntó.

Yo asentí sin poder hablar.

Pero justo cuando estábamos por salir, mi celular vibró.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO