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Una embarazada desapareció mientras toda la familia esperaba partir el pastel; su novio parecía preocupado, hasta que lo vi tirar una pulsera de hospital y supe que alguien estaba protegiendo una mentira imperdonable

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No pude contestarle.

Entonces recordé que Belén había estado recibiendo llamadas extrañas. Se salía al balcón, hablaba bajito y volvía con los ojos rojos. Busqué en los registros porque seguíamos en el mismo plan familiar. El número aparecía varias veces.

No pertenecía a un consultorio.

Era de un área psiquiátrica de un hospital privado en Tlalpan.

Fuimos allá. Al principio nadie quiso decirnos nada. Pero una enfermera nos escuchó mencionar a Belén y nos llevó aparte.

—¿Hablan de una mujer que se metía a clases prenatales sin estar inscrita?

Me mostró un video de seguridad. Ahí estaba mi hermana, sentada al fondo, observando a mujeres embarazadas. Luego apareció siguiendo a una muchacha muy joven en el estacionamiento.

—Esa chica tiene 17 años —dijo la enfermera—. Viene sola. Su familia la corrió cuando supieron que estaba embarazada.

Regresamos al departamento. Debajo del lavabo encontré uniformes médicos nuevos, una credencial falsa sin foto y recibos de fórmula, pañales y una silla para bebé, todo pagado en efectivo.

Sergio no decía nada.

En una tablet escondida bajo el sillón, encontré solicitudes de renta en Querétaro a nombre de “Ariana Méndez”, madre soltera con un recién nacido.

La fecha de mudanza era en 3 días.

Miré a Sergio.

—No quería fingir un bebé. Quería robar uno.

En ese instante llegó un mensaje de un número desconocido. Era una foto de Belén en una gasolinera, a 2 horas de la ciudad. Junto a ella había alguien con uniforme médico y gorra, con la cara oculta.

Sergio tomó el celular, vio la imagen y se puso blanco.

En el estacionamiento de esa gasolinera encontramos una pulsera hospitalaria tirada, con fecha de ese mismo día.

—Hay que llevarla a la policía —dije.

Pero Sergio caminó al bote de basura y la aventó adentro.

Ahí entendí que mi hermana no era la única que estaba mintiendo.

Y lo que Sergio confesó después me hizo desear no haber abierto nunca ese clóset.

PARTE 2

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