—No pensamos que se pusiera tan dramática.
Entonces Mariana soltó la frase que partió algo dentro de mí:
—Además, no era justo. Ella no debería verse más bonita que nosotras.
Mi mamá se quedó muda. Patricia puso los ojos en blanco.
—Mauricio, por favor. Estás haciendo un escándalo por un pedazo de tela.
Renata dio un paso adelante, con la voz rota.
—¿Por qué me odian tanto?
Nadie respondió.
Y en ese silencio entendí que mi hija había estado sola mucho antes de ese vestido.
Tomé su mano y salimos de ahí.
Pero cuando íbamos en el coche, mi mamá me llamó llorando.
—Por favor, hijo, no lo reportes a la escuela. Las niñas pueden perder sus lugares en la corte. Hasta las pueden suspender.
Miré a Renata. Estaba viendo por la ventana, rota por dentro.
Entonces contesté una sola cosa antes de colgar.
Y nadie iba a creer lo que esa frase desataría después…
PARTE 2
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