Después lentamente.
—A ella le habrían gustado las gardenias.
Dos meses más tarde, Rodrigo creó una fundación a nombre de Elena Vidal y Consuelo Reyes. No era una campaña publicitaria ni una deducción fiscal: era una promesa. La fundación ofrecía acompañamiento domiciliario, tratamiento paliativo y apoyo económico para mujeres enfermas de cáncer que no familia tenían o recursos suficientes.
La primera sede se abrió en Oaxaca.
Rodrigo viajó con Valentina a Mitla para inaugurarla. Antes del evento, camine hasta un cementerio pequeño, rodeado de tierra seca y flores de colores. Valentina se arrodillo frente a una lápida sencilla.
—Mamá —dijo con la voz rota—, esta vez sí alcanzamos a ayudar a alguien.
Rodrigo colocó gardenias blancas junto a la tumba.
—Gracias por haber criado a la mujer que salvó a la mía.
Valentina lo miró. En sus ojos ya no había la distancia de una empleada frente a su patrón, sino el reconocimiento silencioso de dos personas que habían sido transformadas por el mismo amor y la misma pérdida.
Al volver a la mansión, Rodrigo no cerró el ala norte.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»