ANUNCIO

El dolor de ver a su hija enferma no era nada comp…

ANUNCIO
ANUNCIO

El dolor de ver a su hija enferma no era nada comparado con el grito silencioso en su alma al ver al médico.
flecha_hacia_adelante_iosLeer más
Pausa

00:00
00:36
01:31
Silenciar

“Yo, yo… ”, tartamudeó Fernanda, abrazando a Sofía con más fuerza. La niña lloraba contra su pecho. “Tranquila, respira profundo”, dijo Diego con voz calmada, acercándose a una silla. “Entiendo que puede ser muy estresante cuando nuestros pequeños están enfermos. Permítame ayudarla”. Diego guio suavemente a Fernanda hacia la silla. Su mano rozó el brazo de ella y, en ese instante, sucedió algo extraño. Diego se detuvo. Una expresión desconcertada cruzó su rostro. Su corazón latió más rápido sin razón aparente. Una sensación cálida y familiar recorrió su cuerpo, como si reconociera algo que su mente no podía alcanzar. “¿Nos conocemos? ”, preguntó Diego de repente, estudiando el rostro de Fernanda con intensidad.

Sus ojos verdes la recorrieron como si buscaran algo perdido. “Tengo la extraña sensación de que ya nos habíamos visto antes”. “No”, mintió Fernanda, con la voz apenas un susurro quebrado. No podía hacer esto ahora. Sofía lo necesitaba. Podía desmoronarse después. “No nos conocemos, doctor”. Diego duda pareció parecer. Ese rostro, esos ojos color miel llenos de lágrimas, le provocaban algo profundo en el pecho, una nostalgia sin nombre. Pero finalmente ascendió y se enfocó en la pequeña Sofía, aunque la inquietud permanecía. Se arrodillo frente a ellas. Su presencia era tan cercana que Fernanda podía oler su colonia, la misma que usaba hace 5 años. El olor que la hacía sentir segura, amada, en casa.

“Hola, princesa”, dijo Diego con una dulce sonrisa dirigida a Sofía. Su voz se suavizó de una manera que hizo que el corazón de Fernanda se rompiera en mil pedazos. “¿Cómo te llamas? ”. “Sofía”, susurró a la niña débilmente. Sus grandes ojos verdes, exactamente iguales a los de su padre, lo miraron con confianza infantil. “Sofía”, repitió Diego, y algo brilló en sus ojos. Una emoción que no podía nombrar. “Qué nombre tan hermoso. ¿Me permite revisarte? Te prometo que será muy cuidadoso y rápido”. Sofía avanzando y Diego comenzaron su examen con manos expertas pero gentiles.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO