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Tras enterarse de que a su madre le quedaban menos…

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—Gracias por traerme de regreso a mi hijo.

Valentina se cubrio la boca con la mano libre.

—Gracias a usted por dejarme quererla.

Doña Elena sonrió.

La lluvia dejó de caer poco antes del amanecer.

El cielo comenzó a aclararse detrás de las cortinas. Primero un azul oscuro, luego una franja naranja muy suave.

La respiración de doña Elena se hizo más lenta.

Rodrigo sintió que sus dedos se relajaban dentro de los suyos.

—Mamá… —susurró.

Valentina se inclinó y besó la frente de la anciana.

—Puede descansar, mi señora. Aquí estamos.

Doña Elena exhaló una última vez.

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