Un año después, Carmen regresó al mismo escritorio de cristal donde la habían despedido.
Colocó ahí una fotografía: ella con uniforme de limpieza, Miguel sosteniendo su mochila, Fernando y Patricia a su lado, rodeados de decenas de trabajadores sonrientes.
Debajo, una pequeña placa decía:
Nadie es invisible cuando alguien decide mirarlo con dignidad.
Miguel entró en la oficina con una carpeta.
—Mamá, llegó la llamada del nuevo proyecto de agua potable para comunidades rurales. Quieren negociar hoy.
Carmen acarició la fotografía y sonrió.
—Entonces contesta, mijo.
Miguel levantó el teléfono.
Esta vez nadie intentó detenerlo.
FIN