La audiencia transcurrió con rapidez, reduciendo años de matrimonio a firmas y palabras formales que resultaban extrañamente vacías en comparación con lo que realmente había sucedido.
Gregory se mostró sereno y razonable, mientras que Ashley permanecía en un segundo plano, como alguien que ya celebraba una victoria que creía haber conseguido.
Madeline solo hablaba cuando era necesario, respondiendo a cada pregunta con una calma y claridad que inquietaban a Gregory más que cualquier discusión.
Cuando el juez dictó sentencia definitiva de divorcio, Gregory se relajó visiblemente, convencido de que la situación había terminado exactamente como él quería.
Fuera de la sala del tribunal, la detuvo y le dijo con tono sereno: “Espero que ahora pueda aceptar la realidad y centrarse en el bebé”.
Ashley añadió con dulzura: “Un niño merece estabilidad, y está claro que vuestras vidas iban por caminos diferentes”.
Madeline volvió a sonreír y respondió: “Estoy completamente de acuerdo, la estabilidad y la honestidad siempre importan al final”.
No comprendieron el significado de sus palabras, y esa ignorancia les costaría más de lo que imaginaban.