Una de las causas más comunes de estos despertares tempranos sigue siendo el estrés. Cuando la casa está en silencio y todo se ralentiza, la mente puede acelerarse. Las preocupaciones que se dejaron de lado durante el día resurgen, a menudo sin previo aviso.
Aunque te duermas fácilmente, la tensión emocional persistente puede provocar despertares parciales hacia el final de la noche. Por eso, los periodos de mucho trabajo, las preocupaciones laborales o personales, o la fatiga emocional prolongada suelen ir acompañados de despertares a horas fijas.
Cuando el cuerpo se involucra en el juego
Durante la noche, el cuerpo continúa funcionando activamente. En particular, regula los niveles de azúcar en sangre. Si estos niveles bajan demasiado, el cuerpo libera hormonas para restablecer el equilibrio. Estas hormonas también tienen un efecto estimulante y pueden provocar un despertar repentino, a veces acompañado de inquietud o palpitaciones.
Las hormonas del sueño también desempeñan un papel fundamental. Su producción puede variar con la edad o durante ciertas etapas de la vida. Estos cambios hacen que el sueño sea más ligero y, por lo tanto, más fácil de interrumpir al final de la noche.
La importancia, a menudo subestimada, del medio ambiente.
Tu dormitorio influye en tu sueño mucho más de lo que imaginas. Una temperatura demasiado alta o demasiado baja, la luz exterior, un colchón inadecuado o incluso los movimientos de tu pareja pueden ser suficientes para que te despiertes en esos momentos tan sensibles.
Cuando el sueño se vuelve más ligero, el cerebro cambia al “modo de alerta” y capta señales que ignoraría por completo durante el sueño profundo.