ANUNCIO

“Quítese esa chamarra ahora mismo”, gritó el juez …

ANUNCIO
ANUNCIO

 

¿Fantasma cuatro? ¿Está jugando a ser soldado?

La palabra cayó como piedra.

Fantasma 4.

En ese mismo instante, fuera de la sala, por el pasillo de cantera clara, caminaba el almirante retirado Álvaro Cárdenas, invitado a una reunión federal sobre seguridad portuaria. Iba acompañado por dos oficiales, un fiscal federal y un ayudante joven que cargaba carpetas.

El almirante era un hombre alto, de cabello cano, rostro curtido y una mirada que no desperdiciaba emociones. Había servido en operaciones que nunca aparecieron en periódicos. Había enviado hombres a misiones de las que algunos no regresaron. Había escuchado voces por radio que todavía le hablaban en sueños.

Al pasar frente a la sala 7, escuchó la voz del juez amplificada por el micrófono:

—¿Fantasma cuatro? ¿Está jugando a ser soldado?

El almirante se detuvo de golpe.

El ayudante casi chocó con él.

—¿Señor?

Cárdenas no respondió.

Fantasma 4.

Durante años, ese indicativo había vivido sellado en expedientes clasificados. Una misión en la sierra fronteriza, una operación conjunta contra un grupo armado que traficaba armas y personas. Un helicóptero caído. Un convoy emboscado. Seis horas de fuego. Y una médica táctica mexicana, infiltrada como apoyo humanitario, que había mantenido con vida a cuatro marinos heridos dentro de una construcción abandonada mientras ella misma sangraba por los brazos.

La voz por radio había sido serena.

“Fantasma Cuatro reporta tres críticos, uno estable. Munición baja. No evacúen hasta que despeje el flanco norte.”

Cárdenas nunca la había visto en persona.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO