Estás profundamente dormido… y de repente, un músculo se contrae violentamente y prácticamente saltas de la cama. Si alguna vez te ha despertado un calambre nocturno, conoces ese momento en que el dolor es tan sorprendente como irritante. Lo peor es cuando regresa con regularidad, sin previo aviso, como un invitado indeseado en mitad de la noche. Pero antes de que te imagines lo peor, no te preocupes: estos calambres, a menudo bastante alarmantes, generalmente tienen causas benignas y, sobre todo, soluciones sencillas. Y algunas de ellas sin duda te sorprenderán…
Cuando la noche revela una falta de hidratación
La causa más común es también la más fácil de corregir. Cuando no bebes suficiente agua durante el día, tu cuerpo tiene dificultades para mantener el equilibrio mineral, esencial para el correcto funcionamiento muscular. Como resultado, tus músculos se vuelven más sensibles a las contracciones repentinas. Un consejo útil: hidrátate con regularidad a lo largo del día, sin esperar a tener sed.
Un desequilibrio mineral que se hace notar… por la noche.

Nuestros músculos necesitan un equilibrio preciso de minerales para funcionar correctamente. A veces, una ingesta insuficiente de magnesio, potasio o calcio puede contribuir a los calambres nocturnos. No es necesario tomar suplementos de inmediato: enriquecer la dieta con frutas, verduras, semillas y frutos secos suele ser suficiente para restablecer este equilibrio.