Clara se quedó inmóvil unos segundos.
El dedo tembloroso del niño señalaba hacia la pared detrás de ella.
Giró lentamente.
Al principio no vio nada extraño. Solo una pared cubierta por un enorme cuadro: un paisaje marino pintado con tonos azules y grises.
Pero algo no encajaba.
El cuadro estaba torcido.
Apenas unos centímetros.
Clara se acercó despacio, con el corazón latiendo fuerte. Cuando tocó el marco, este se movió con facilidad, como si no estuviera realmente colgado… sino apoyado.
Lo levantó.
Detrás del cuadro había algo pegado a la pared.
Un dibujo infantil.
Hecho con crayones.
Un niño pequeño de la mano con una mujer. La mujer tenía el cabello largo y una sonrisa enorme.
Encima del dibujo había una palabra escrita con letras torcidas:
“MAMÁ”.
Clara sintió un nudo en la garganta.
Miró al niño.
Adrián seguía observándola fijamente.
Era la primera vez que alguien parecía notar ese dibujo.
La mayoría del personal limpiaba rápido y se iba. Nadie se detenía a mirar los detalles.
Clara volvió a colocar el cuadro con cuidado.
—Es bonito —susurró.
El niño parpadeó.
No dijo nada, pero su mirada cambió un poco. Ya no parecía tan llena de miedo.
Ese día Clara terminó de limpiar en silencio.
Pero antes de irse… volvió a tararear la canción.
Cuando salió de la habitación, no pudo evitar pensar en algo extraño:
Adrián había escuchado la canción con atención.
Como si la conociera.
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