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Mi esposo se rió de mí en el pasillo del juzgado porque no tenía dinero para un abogado. Pero no tenía ni idea de quién estaba a punto de entrar por esa puerta.

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Registros financieros. Cuentas no reveladas por el demandante. Correos electrónicos que hablan de ocultación. Documentación de tergiversación.

Eric se inclinó hacia Milton presa del pánico. Tiffany, en la galería, parecía confundida.

El juez Marlow ordenó un receso para la revisión. Eric confrontó a Harold.

"¿Qué es esto?" preguntó Eric.

—No eres mi cliente —respondió Harold—. Habla a través de tu abogado.

Harold le entregó la carpeta a Milton. El rostro de Eric palideció.

Cuando regresaron, Milton admitió que los documentos eran auténticos.

Harold se dirigió al tribunal. «Este no es un simple divorcio. Es un engaño. El Sr. Dalton mantuvo una aventura financiada con el dinero conyugal. Treinta y cinco mil dólares en gastos de lujo. También transfirió doscientos mil dólares a cuentas privadas en el extranjero bajo sociedades fantasma. Tenemos registros bancarios y el testimonio de su asesor financiero, quien cooperó ayer».

Eric cerró los ojos.

El juicio continuó, pero el resultado fue claro. Harold desmontó todas las mentiras. Cuando Eric testificó, Harold le preguntó con amabilidad.

¿Olvidaste la cuenta en el extranjero? ¿O asumiste que mi hija era demasiado ingenua para encontrarla?

Eric tartamudeó: «Error administrativo».

“Doscientos mil dólares es un error impresionante”, dijo Harold.

El juez Marlow dictó sentencia.

Sr. Dalton. Su conducta es reprensible. Fallo a favor de la Sra. Sloan. Se adjudica el setenta por ciento de los bienes al demandado, incluyendo las cuentas no declaradas. Restitución de los gastos del asunto. El demandante paga todas las costas legales.

Eric se desplomó. Milton empacó su maletín sin mirarlo.

Afuera, bajo el sol de la tarde, Rebecca abrazó a su padre.

"Gracias", susurró.

—Nunca tuviste que luchar solo —dijo Harold—. Ahora, vamos a comer. Dana traerá champán.

Rebecca miró hacia atrás. Eric salió solo del juzgado. Tiffany había desaparecido. Se dio la vuelta. Su verdadera vida había comenzado.

Los días siguientes se sintieron irreales. Rebecca regresó al trabajo, repasando mentalmente el juicio. Cenó con Harold. Hablaron de la distancia, el dolor y la reconstrucción de la cercanía.

—No fallaste —dijo Harold—. Fue él.

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