El pitido constante de los monitores resonaba en la habitación 507, una de las suites de maternidad más exclusivas de un hospital privado en Beverly Hills, Los Ángeles.
Las intensas luces fluorescentes proyectaban un tenue resplandor sobre el rostro empapado de sudor de Vanessa Carter. Cada contracción la desgarraba como un fuego. Sus ojos, desorbitados por el cansancio y el miedo, buscaban desesperadamente en la habitación a alguien de confianza.
—Por favor… ¿dónde está mi marido? —susurró Vanessa débilmente, aferrándose a las suaves sábanas blancas.
A su lado, una enfermera alta, de cabello castaño perfectamente peinado y maquillaje impecable, no respondió de inmediato. La placa que llevaba prendida al abrigo tenía un nombre que no era el suyo. No pertenecía al personal del hospital.
Se trataba de Chloe Bennett, la amante de Ethan Hayes, el marido de Vanessa y uno de los promotores inmobiliarios más poderosos del país.
Chloe había burlado la seguridad valiéndose de la influencia de Ethan y de una mentira cuidadosamente elaborada.
Se inclinó más cerca, su aliento rozando la oreja de Vanessa.
—Tu marido llegará pronto, cariño —murmuró Chloe con una dulzura inquietante—. Está esperando afuera a que todo termine.
Vanessa esbozó una leve sonrisa, creyendo que era una señal de tranquilidad. Pero la expresión de Chloe se tornó mucho más sombría. Sin dudarlo, le ajustó la mascarilla de oxígeno a Vanessa… y con un movimiento rápido y preciso, desconectó el tubo del suministro principal.
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