ANUNCIO

La amante corta el oxígeno durante el parto: el marido encubre el crimen sin saber la brutal venganza que le espera.

ANUNCIO
ANUNCIO

El suave silbido del oxígeno se desvaneció al instante. El silencio que siguió fue sofocante.

Al principio, nadie se dio cuenta. El médico estaba ocupado buscando guantes y una joven asistente se concentraba en una tableta. Pero la respiración de Vanessa se volvió irregular. Su pecho se agitaba violentamente. El monitor emitió pitidos agudos y frenéticos.

“¡No… puedo… respirar!”, jadeó, agarrándose a la máscara.

Chloe se movió con rapidez, fingiendo ayudar mientras escondía el tubo desconectado detrás de su cuerpo.

“Es solo una contracción fuerte, doctor. Está asustada, es normal”, dijo con naturalidad.

—¡Denle más oxígeno! —ordenó el médico, distraído.

Chloe se inclinó de nuevo, con la mirada fría e implacable.

—¿De verdad crees que mereces tener a su hijo? —susurró—. Arruinaste mi vida. No mereces un final feliz.

La visión de Vanessa se nubló. Le temblaban las manos al intentar alcanzar el tubo, pero Chloe la apartó discretamente. El monitor fetal empezó a emitir un pitido ensordecedor.

“¡El ritmo cardíaco del bebé está bajando!”, gritó una enfermera, acercándose rápidamente. “¡Comprueben el oxígeno!”

Todo se convirtió en un caos. Una enfermera levantó el tanque, con el rostro pálido.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO