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Fui a contarle a mi prometido millonario que estaba embarazada, pero detrás de la puerta descubrí su asquerosa traición con su familia… ¡Así que me casé con su peor rival y destruí su imperio para siempre!

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PARTE 1

La hoja del ultrasonido temblaba en las manos de Valeria mientras caminaba por el pasillo del piso 50 del corporativo hotelero Santacruz, ubicado en la avenida más exclusiva de Polanco, en la Ciudad de México. Llevaba 8 semanas de gestación y 1 sonrisa que le iluminaba el rostro. Había pasado las últimas 48 horas imaginando cómo reaccionaría Mauricio, el heredero del imperio hotelero más grande del país y su pareja desde hacía 3 años. Soñaba con que él por fin dejaría de posponer su boda con excusas de reuniones de negocios y viajes a la Riviera Maya.

Sin embargo, la voz que se filtró por la puerta entreabierta de la oficina principal la dejó completamente congelada.

—Nunca la amé —dijo Mauricio. Su tono era tan frío y calculador que parecía ensayado—. Valeria es 1 chef talentosa, sí. Su imagen humilde y trabajadora fue conveniente para limpiar la reputación de nuestros restaurantes, pero no significa nada más para mí.

Valeria dejó de respirar. El latido de su bebé, ese pequeño milagro de apenas 2 meses, pareció detenerse junto con su propio corazón.

—Más te vale que sea cierto —respondió doña Carmen, la matriarca de la familia, con ese acento regio que usaba como látigo para dar órdenes—. La familia Garza no va a esperar ni 1 día más. El acuerdo por los campos de agave en Jalisco vale 500 millones de pesos. Pero exigen 1 condición: te casas con Isabella Garza el próximo mes en la catedral de Monterrey. Valeria no tiene apellido, no tiene fortuna, no es nadie. Deshazte de ella ahora mismo.

Valeria empujó la puerta. No lo planeó, simplemente su cuerpo reaccionó ante la traición.

Mauricio, enfundado en su traje de diseñador importado, palideció al verla. Doña Carmen, sentada en el sofá de cuero, ni siquiera parpadeó.

—¿Conveniente? —preguntó Valeria. Su voz sonaba hueca, pero no derramó 1 sola lágrima—. ¿3 años de mi vida entregados a ti fueron solo 1 adorno conveniente?

La mirada de Mauricio cayó irremediablemente sobre la fotografía en blanco y negro que Valeria apretaba contra su vientre.

—¿Estás embarazada? —balbuceó él, retrocediendo 2 pasos.

—Venía a darte la noticia de nuestro hijo. Qué ironía, ¿verdad? Yo venía a construir 1 familia y tú ya tienes 1 esposa nueva comprada con campos de agave.

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