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Fui a contarle a mi prometido millonario que estaba embarazada, pero detrás de la puerta descubrí su asquerosa traición con su familia… ¡Así que me casé con su peor rival y destruí su imperio para siempre!

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Doña Carmen se levantó lentamente, ajustándose su chal de seda con 1 frialdad aterradora.

—Te daremos 2 millones de pesos —dijo la mujer mayor, abriendo su chequera—. Firmas 1 acuerdo estricto de confidencialidad y te vas de la Ciudad de México hoy mismo. Si decides hacer 1 escándalo mediático, me encargaré personalmente de que ningún restaurante en este país te contrate. Conozco a los dueños de los 50 mejores lugares de la ciudad. Tu carrera terminará en 1 segundo.

Mauricio desvió la mirada, endureciendo la mandíbula.

—Es lo mejor, Valeria. No puedo reconocer a 1 hijo fuera de mi matrimonio con Isabella. Toma el dinero. Sé realista, no puedes criar a 1 bebé sola en esta ciudad.

Valeria sintió náuseas. No por el embarazo, sino por la profunda repulsión que le provocaba el hombre frente a ella.

Sacó las llaves del departamento que compartían y las dejó sobre el escritorio de cristal, junto a la foto del ultrasonido.

—Guárdense sus 2 millones y su apellido manchado. Voy a tener a este bebé. Y algún día, le diré exactamente qué clase de cobarde despreciable fue su padre.

Salió corriendo del edificio, con la vista nublada. Lo había perdido absolutamente todo: su trabajo como chef ejecutiva, su pareja y su futuro. Afuera, el tráfico de Insurgentes rugía sin piedad.

Esa misma noche, durmiendo en el viejo sofá del departamento de su amiga en la colonia Roma, su celular vibró. Era 1 mensaje de 1 número desconocido. Al leer el nombre en la pantalla, la sangre se le heló: Emiliano Reyes, el magnate restaurantero más despiadado del país y el mayor enemigo jurado de la familia Santacruz.

“Sé exactamente lo que te hicieron hoy a las 2 de la tarde. Mañana a las 9 de la mañana en mi oficina. Te ofreceré el poder para destruirlos.”

Valeria miró la pantalla en la oscuridad, con el corazón latiendo a mil por hora. No podía creer lo que estaba a punto de suceder…

PARTE 2

Emiliano Reyes era 1 leyenda urbana vestido con trajes hechos a la medida. A sus 36 años, había construido 1 emporio gastronómico implacable aplastando a sus competidores. Los periódicos financieros aseguraban que no tenía corazón; sus empleados decían que no dormía.

A las 9 de la mañana en punto del día siguiente, Valeria cruzó las puertas de cristal de su corporativo en Paseo de la Reforma.

Él estaba de pie frente al inmenso ventanal, observando la capital. Era alto, de piel morena, con ojos tan oscuros que parecían absorber la luz de la habitación.

—Valeria —dijo, volteando hacia ella—. Pedí té de manzanilla. Sé que ayuda con las náuseas matutinas de las primeras 8 semanas.

Valeria se quedó paralizada a 3 metros de distancia.

—¿Cómo sabe mis síntomas?

—Tengo información de 100 cosas que ocurren en los corporativos rivales —respondió él sin rodeos—. Mauricio Santacruz te dejó en la calle, permitió que su madre amenazara tu carrera y renegó de tu hijo. Tú necesitas protección urgente. Yo necesito golpear a la familia Santacruz donde más les duele: su prestigio público. Mi propuesta es directa: cásate conmigo.

Valeria soltó 1 risa incrédula, apretando los puños.

—¿Casarme con usted? Hace 24 horas mi prometido me desechó por 1 maldito acuerdo comercial. ¿Y usted me ofrece convertirme en 1 arma para su venganza?

—Mi trato es honesto y sin engaños emocionales —respondió Emiliano, deslizando 1 contrato de 15 páginas sobre el escritorio de mármol—. 1 año mínimo de matrimonio. Te ofrezco protección legal total contra doña Carmen. Te daré el puesto de chef principal en mi nuevo restaurante insignia en Polanco. Cobertura médica privada de primer nivel para tu embarazo. Y 1 fideicomiso de 10 millones de pesos a nombre de tu hijo, el cual llevará legalmente mi apellido. A cambio, yo obtengo el golpe mediático que hará pedazos las acciones de Santacruz. La mujer embarazada y desechada por el heredero, acogida por su mayor y más letal rival.

Valeria leyó las cifras impresas. 10 millones. 1 año. 1 vida nueva.

—¿Por qué los odia con tanta intensidad? —preguntó ella.

La expresión de Emiliano se endureció.

—Hace 15 años, el padre de Mauricio le robó a mi familia 500 hectáreas en Oaxaca donde cultivábamos nuestros ingredientes. Falsificaron firmas y sobornaron jueces. Mi padre murió en la ruina, creyendo que yo no podría defender su legado. Los Santacruz no son empresarios, son depredadores. Destruyen vidas sin mirar atrás. Juntos, seremos su guillotina.

La imagen de Mauricio bajando la mirada mientras su madre la humillaba brilló en la mente de Valeria. Tocó su vientre, prometiéndose a sí misma que su bebé jamás conocería la humillación ni la pobreza.

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