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En plena misa de mi abuela, mi sobrino volvió con los zapatos llenos de lodo y susurró: “Ella no está sola.” Mi tío quiso callarlo frente a 40 personas, pero mi madre se levantó, señaló el ataúd y dijo una sola frase… entonces escuchamos 3 golpes desde la madera cerrada.

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—No la escondió porque quisiera —respondió él—. La obligaron. Primero en una casa de una tía. Después aquí, en este cuarto. La tía limpiaba la iglesia y le dejaba traer comida. Mamá venía a verla cuando podía.

Mateo empezó a llorar en silencio.

—Ella dice que lloraba mucho —murmuró.

Mi tío se tapó la cara.

—Yo era niño. Tenía 9 años. Una noche llovió como nunca. Inés estaba enferma. Mamá quería llevarla al doctor de Dolores Hidalgo, pero mi padre no la dejó. Dijo que si alguien veía a la niña, el apellido se iba a manchar.

Mi madre se cubrió la boca.

—Al amanecer ya no respiraba —continuó Ernesto—. Mi padre no permitió velorio ni tumba. Dijo que esa niña nunca había existido. La enterró cerca del muro de la iglesia, donde cae el agua de la canaleta.

El padre Aurelio bajó la mirada.

—¿Y tú lo sabías?

Mi tío lloró por primera vez.

—Lo vi. Vi a mi padre salir con una pala. Vi a mamá tirada en el suelo, abrazando ese rosario. Luego me obligó a jurar que jamás diría nada. Años después, cuando él murió, me entregó la otra mitad de la foto. Me dijo que si la verdad salía, destruiría a la familia.

—La familia ya estaba destruida —dijo mi madre—. Solo que tú preferiste no mirar.

Ernesto se dobló, como si esa frase le pesara en la espalda.

Arriba, en la iglesia, alguien comenzó a rezar un Padre Nuestro. Después se sumaron más voces. Pero ya no sonaban como oración de funeral. Sonaban como miedo.

El padre Aurelio tomó la media foto.

—¿Dónde está la otra mitad?

Mi tío tardó en responder.

—En mi casa. Detrás del cuadro de la Virgen de Guadalupe.

—Vamos por ella —dijo mi madre.

—No puedo.

Mi madre se acercó hasta quedar frente a él.

—Entonces mamá sí se va a enterrar sola.

Esa frase lo quebró.

Sacó unas llaves del bolsillo y asintió, temblando.

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