—Yo cuidaré al otro.
—Daniela…
—Así no será tan difícil para ti.
La niña estaba intentando negociar.
Intentando dividir el amor para sobrevivir.
Manuel se arrodilló frente a ella.
—Escúchame.
Ella lo miró con miedo.
—No voy a separarlos.
Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Daniela.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Por qué?
Manuel la miró durante un largo momento.
Finalmente entendió por qué aquella niña lo había sacudido tanto cuando la vio en la cafetería.
Porque en sus ojos había algo que él había perdido hace mucho tiempo.
Humanidad.
—Porque si me quedo con uno… también me quedo con los tres.
Daniela lo miró como si no pudiera creerlo.
—¿Los tres?
—Sí.
La niña comenzó a llorar, pero esta vez no era de miedo.
Era de alivio.
Manuel se levantó.
Miró por la ventana de la mansión.
La lluvia seguía cayendo suavemente.
Pero por primera vez en mucho tiempo, su casa ya no se sentía vacía.
Porque esa noche, un millonario que tenía todo…
descubrió que lo único que realmente le faltaba…
era una familia.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»