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El niño sudaba, tenía la piel ardiente y los labios resecos.

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Daniela soltó un sollozo de alivio.

—¿Puedo verlo?

—En unos minutos.

Manuel se acercó.

—¿Dónde viven?

La niña bajó la mirada.

—En una construcción vieja… cerca del río.

—¿Tienen familia?

Daniela negó lentamente.

—Mi mamá murió hace tres meses.

Manuel sintió un peso extraño en el pecho.

—¿Y su papá?

—No lo conozco.

El silencio cayó entre ellos.

Víctor se aferraba al brazo de Daniela como si fuera su único salvavidas en el mundo.

Manuel suspiró.

—No pueden volver a ese lugar.

Daniela levantó la mirada.

—No tenemos otro.

Manuel pensó unos segundos.

Luego dijo algo que nadie esperaba.

—Vendrán conmigo.

Daniela frunció el ceño.

—¿Por qué?

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