Más tarde, en su propia cama, Fernanda y Diego hablan sobre el futuro. Sobre quizás expandir su familia. Sobre los sueños que tienen. Sobre lo agradecidos que están de tener esta segunda oportunidad. “Hace 5 años”, dice Fernanda en la oscuridad, “pensé que mi vida había terminado. Pensé que nunca volvería a ser feliz”. “¿Y ahora?“, pregunta Diego abrazándola más fuerte. “Ahora sé que las historias de amor más grandes son las que sobreviven las pruebas más difíciles. Nosotros sobrevivimos la muerte, la amnesia, la separación. Y seguimos encontrándonos el uno al otro”. “Siempre te encontraría”, promete Diego. “En esta vida y en cualquier otra. Mi corazón te reconoce incluso cuando mi mente no puede”.
Se quedan dormidos envueltos en los brazos del otro. Dos almas que se perdieron y se encontraron de nuevo, más fuertes por el viaje.
Los años pasan. Sofía crece saludable y feliz, con ambos padres presentes. Eventualmente tiene un hermanito, Mateo, quien se parece a su madre pero tiene la personalidad traviesa de su padre. Victoria nunca se disculpa completamente, pero con el tiempo su hostilidad disminuye. Eventualmente hace pequeños gestos hacia Sofía y Mateo: regalos en cumpleaños, presencia en eventos escolares. No es perfecto, pero es algo.
Fernanda y Diego construyen una vida hermosa juntos. Trabajan en el mismo hospital, crían a sus hijos con amor y cada día eligen estar juntos. Diego nunca recupera sus memorias perdidas, pero como él siempre dice, prefiere crear nuevas memorias que quedarán atrapadas en el pasado. En su décimo aniversario de bodas renuevan sus votos. Sofía, ahora de 14 años, y Mateo de 6 son sus testigos. Toda su familia está allí, incluyendo Mauricio, quien se ha convertido en un abuelo amoroso, y sorprendentemente Victoria, quien se ve un poco más suave con los años.
“Hace 12 años”, dice Diego en sus votos personalizados, “te conocí en una biblioteca y mi vida cambió para siempre. Aunque no puedo recordar ese momento, sé que fue el mejor día de mi vida porque me llevó a ti. Hemos pasado por infiernos que probarían a cualquier pareja. Nos separaron, nos mintieron, nos lastimaron. Pero aquí estamos, todavía de pie, todavía enamorados. Y eso es porque lo que tenemos es más fuerte que la memoria. Es más fuerte que cualquier obstáculo. Es amor verdadero, Fernanda, y me siento honrado de pasarte amando por el resto de mi vida”.
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