No hay un ojo seco en la casa cuando se besan, sellando su compromiso una vez más. Esa noche, después de que todos se han ido, Fernanda y Diego están solos en su jardín mirando las estrellas. “¿Feliz? ”, pregunta Diego. “Más de lo que jamás pensé que sería posible”, responde honestamente Fernanda. “Hace años, cuando pensé que te había perdido, pensé que nunca volvería a sentir alegría. Y mírame ahora. Tengo todo lo que siempre quise”. “¿Tienes algún arrepentimiento? ”, pregunta Diego. Fernanda lo piensa. “Solo uno. Desearía que pudieras recordar cómo nos enamoramos la primera vez. Fue tan mágico”.
“Puedo no recordar la primera vez”, dice Diego besando su frente, “pero me enamoré de ti por segunda vez. Y eso es igualmente mágico, si no más, porque esta vez lo elegí conscientemente. Esta vez sabía exactamente en lo que me estaba metiendo y te elegí de todos modos”. Fernanda sonríe, su corazón tan lleno que podría explotar. “Te amo, Diego Santana”. “Te amo, Fernanda Morales de Santana. Hoy, mañana y por todos los días que nos quedan”.
Y mientras se besan bajo el mismo cielo estrellado que los vio enamorarse hace tantos años, Fernanda sabe que esta es su verdadera historia. No la que perdieron, sino la que reconstruyeron. Una historia de amor que sobrevivió lo imposible. Una historia de esperanza, perdón y segundas oportunidades. Una historia que demuestra que el amor verdadero nunca muere. Incluso cuando la memoria se desvanece, porque el amor vive en el corazón, no en la mente. Y sus corazones siempre se han pertenecido el uno al otro, a través de la pérdida, el dolor y, finalmente, el regreso triunfante al hogar. Su historia no terminó con la tragedia; solo tomó un desvío inesperado antes de encontrar su camino de regreso. Y el final, después de todo, es feliz.
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