ANUNCIO

¿Dónde vives, João? —preguntó Helena con suavidad.

ANUNCIO
ANUNCIO

Helena respondió con calma.

—A casa.

João se quedó en silencio.

—¿Su casa?

—Sí.

—Pero… soy un niño de la calle.

Helena sonrió levemente.

—Y yo soy una mujer que necesita compañía.

Los meses pasaron.

Helena no adoptó oficialmente a João al principio.

Pero le consiguió ropa.

Un cuarto pequeño.

Un maestro particular.

Al principio el niño estaba nervioso.

Dormía con la puerta abierta.

Guardaba pan en el bolsillo por si volvía a tener hambre.

Pero poco a poco comenzó a confiar.

Y algo inesperado ocurrió.

Helena empezó a reír otra vez.

El niño llenó la casa de preguntas.

—¿Por qué los peces no se ahogan?

—¿Por qué los ricos tienen tantas sillas si solo usan una?

—¿Por qué la gente triste siempre habla bajito?

Helena no tenía respuestas para todo.

Pero por primera vez en años…

quería buscarlas.

Una tarde, mientras João hacía su tarea, levantó la mirada.

—Señora Helena.

—¿Sí?

—¿Su dolor ya está curado?

Helena pensó un momento.

Luego respondió con honestidad.

—No completamente.

João sonrió.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO