El rechazo en el corazón del duelo
Me explicó, sin rodeos, que tenía que irme de casa. Que nada de esto me preocupaba ya. Que mi presencia estaba complicando las cosas. Sus palabras fueron duras, a veces humillantes. En un momento dado, incluso gritó que ya no tenía por qué estar allí.
Algo se derrumbó dentro de mí. Pero, curiosamente, algo más se puso de pie.
Un secreto confiado por amor
Unos días antes de su muerte, durante una cena familiar, mi hijo me habló en voz baja. Me explicó que había asegurado una parte importante de sus ahorros transfiriéndolos a mi cuenta, como medida de precaución. Todo se había hecho legalmente, dentro de un marco bancario transparente, siguiendo el consejo de un notario.
Me había pedido que no dijera nada. No por desconfianza, sino para protegerme. Acepté, sin imaginar que este secreto se convertiría en mi última línea de defensa.