Una mañana cualquiera, un cochecito abandonado y dos bebés cambiaron mi vida para siempre. Doce años después, una simple llamada telefónica me demostró que aquel rescate había cambiado mucho más que su destino.
Hay mañanas como cualquier otra. Y luego están las que te cambian la vida.
A las 5 de la mañana, con un frío intenso, pensé que simplemente iba a empezar mi ruta como de costumbre.
No tenía ni idea de que un cochecito abandonado en la acera cambiaría mi destino.
Doce años después, una llamada telefónica me demostraría que ese día no solo yo había salvado a dos bebés… ellos me habían salvado a mí.