“Soy su marido.”
—Y yo soy su madre —dijo Carol con voz firme—. Da un paso más y te estamparé la cara contra el suelo yo misma.
Algo cambió en sus ojos.
La sonrisa desapareció. El verdadero hombre se reveló: pequeño, cobarde, acostumbrado a que le obedecieran.
“No sabes con quién estás tratando.”
Carol se acercó, hasta estar a su alcance.
“Todavía no sabes con quién te has metido.”
La enfermera llamó a seguridad. Ethan retrocedió un poco, pero antes de irse, dejó el ramo en una silla.
—Esto no ha terminado —murmuró.
—No —respondió Carol—. No lo es.
En cuanto él salió, Carol agarró el ramo y lo estrelló contra la mesa de metal. Las flores se esparcieron. Del centro, cayó un teléfono barato envuelto en cinta adhesiva.
La enfermera jadeó.
“Ay dios mío…”
Carol ya lo sabía.
No flores.
Vigilancia.
Había intentado colocar un teléfono para escuchar cuando Lena se despertara.
—Vuelve a llamar a seguridad —ordenó Carol—. Y a la policía. Esto ya no es solo maltrato. Esto es intimidación a una víctima hospitalizada.
La enfermera asintió, temblando.
Carol metió el teléfono en una bolsa limpia, sujetándolo con cuidado: una prueba.
Entonces sonó el teléfono que llevaba en el bolsillo.
Número desconocido.
Ella respondió.
La voz de un niño, temblando por las lágrimas.
“Abuela… acaban de irse… pero la tía Melissa dice que si hablo, me mandarán con mi papá para siempre…”
Carol sintió que se le oprimía el pecho.
“Emma, escúchame. ¿Sigues en casa?”
“Sí.”
“¿Está abierta la puerta principal?”
“Creo que lo cerraron con llave…”
Carol cerró los ojos brevemente.
Cada segundo contaba.
“Escóndete en algún lugar desde donde puedas ver la ventana de la cocina sin que te vean. No salgas. No hagas ruido. Voy para allá.”
Colgó el teléfono y se giró hacia la enfermera.
¿Cuánto tardará en llegar la policía?
“Ya vienen en camino.”
“No puedo esperar.”
“Señora, no debería ir sola.”
Carol se dio la vuelta.
No había miedo en su rostro. Solo determinación.
“He pasado cuarenta años observando lo que sucede cuando la gente espera a que otro actúe.”
En el pasillo, dos guardias tenían a Ethan acorralado contra la pared mientras él protestaba a gritos. Carol pasó sin mirarla. Pero él sí la miró.
—Tu nieta estará mejor con mi familia —espetó—. Lena ni siquiera puede ser madre.
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