Mick asintió frenético.
—Sí, sí. Entendido.
—Fuera. Ya.
Los tres salieron corriendo, tropezando con muebles rotos. El departamento quedó en silencio, solo el llanto bajito de Lily.
Leo guardó el arma y miró a Serena con un poco de suavidad.
—El señor Romano supuso que podía haber “complicaciones” —dijo en voz baja—. Me mandó para asegurar que llegaran a casa. Parece que tenía razón.
Serena miró el departamento destruido. La realidad le pegó como tren: no tenía dinero, no tenía lugar seguro para dormir, los lobos ya no estaban en la puerta… estaban adentro. Ella sola no podía proteger a Lily.
Levantó la vista hacia Leo. Se limpió las lágrimas.
—Llévanos de vuelta —dijo, con una determinación hueca—. Llévanos al penthouse. Dígale al señor Romano que acepto el trato.
Parte 2
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