De diferentes edades, de diferentes lugares, tomados de la mano.
Sarah habló primero.
—Papá… durante años nos preguntamos cómo agradecerte todo lo que hiciste por nosotras.
Aisha continuó:
—Nos diste un hogar cuando nadie más lo hizo.
Jade añadió con una sonrisa:
—Nos enseñaste que el amor no tiene límites.
Grace tomó la mano de Ricardo.
—Así que decidimos hacer algo.
Naomi señaló a los niños.
—Hace tres años comenzamos a trabajar juntas.
Ricardo miró confundido.
—¿Trabajar en qué?
Sarah respondió:
—En construir algo que empezaste tú.
Grace sonrió.
—Un hogar.
Leandra sacó una carpeta y la abrió.
Dentro había fotografías de un edificio grande.
Un orfanato.
—Lo llamamos **Casa Ricardo** —dijo Naomi.
Ricardo no pudo hablar.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Ahora hay más de cien niños viviendo allí —continuó Grace.
—Niños que no tenían a nadie —añadió Sarah.
Aisha miró a su padre con ternura.
—Exactamente como nosotras.
Los niños comenzaron a acercarse.
Uno por uno.
—Hola, abuelo Ricardo —dijo un pequeño.
Otro niño le entregó un dibujo.
En el papel aparecía un hombre rodeado de muchos niños y corazones.
Ricardo no pudo contener las lágrimas.
Las nueve mujeres que una vez fueron aquellas pequeñas abandonadas lo rodearon nuevamente.
Y en ese momento comprendió algo.
El amor que había dado durante tantos años no se había perdido.
Había crecido.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»