Había florecido.
Había cambiado vidas que él ni siquiera conocía.
Sarah lo abrazó.
—¿Recuerdas lo que dijo mamá Anne antes de irse?
Ricardo asintió lentamente.
“No dejes que el amor muera conmigo. Dale un lugar adonde ir.”
Grace sonrió.
—Eso fue exactamente lo que hiciste.
Ricardo miró a las nueve mujeres.
Luego a los niños que ahora llenaban el jardín.
Y por primera vez en muchos años…
la casa volvió a sentirse tan viva como en aquellos días lejanos de **1979**.
Porque el amor que se comparte nunca desaparece.
Solo encuentra nuevos corazones donde vivir.
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