—¿Qué significa eso?
Beverly respondió por mí.
—Significa que su padre está dispuesto a resolver esto civilmente si usted coopera completamente.
Ryan parecía no entender todavía.
—¿Sin cargos?
Beverly asintió lentamente.
—Si cancela la venta inmediatamente, devuelve cualquier dinero adelantado y firma un acuerdo legal reconociendo el fraude.
Diane habló rápidamente.
—Eso arruinaría nuestra reputación.
La miré con calma.
—Tu reputación no es lo que está en juego.
Ryan cerró los ojos por un momento.
Cuando los abrió, parecía diez años más viejo.
—¿Y si no acepto? —preguntó.
Beverly respondió con total tranquilidad.
—Entonces continuaremos con el proceso penal.
El silencio regresó.
Esta vez más largo.
Ryan miró la casa.
Luego me miró a mí.
En ese instante vi algo cambiar dentro de él.
No era orgullo.
No era rabia.
Era comprensión.
La comprensión de que el camino fácil se había terminado.
Finalmente habló.
—Cancelaré la venta —dijo.
Diane giró hacia él sorprendida.
—Ryan, no puedes…
Él levantó una mano.
—No.
Luego me miró otra vez.
—Cancelaré todo.
Respiré lentamente.
No sentí victoria.
Solo un cansancio profundo.
Beverly asintió.
—Entonces hablaremos con el abogado del comprador mañana por la mañana.
Ryan asintió.
Luego miró la puerta.
—¿Y la cerradura?
Saqué mi vieja llave del bolsillo.
La sostuve frente a mí.
—La cambiaré —dije—.
Miré a mi hijo una última vez.
—Pero esta vez —añadí—
solo yo tendré la llave.