Me temblaban tanto las manos que tuve que parar varias veces antes de lograr desplegar la carta.
El papel estaba amarillento, frágil, como si hubiera estado esperando este momento durante décadas.
Respiré hondo… y luego empecé a leer.
“A quien encuentre esto…
Si estás leyendo estas palabras, significa que la casa te ha elegido.
Lo que tienes en tus manos no es solo un tesoro. Es una prueba.”
Me quedé paralizado.
¿Una prueba?
Mi mirada se desvió hacia las piezas brillantes. Parecían casi irreales, como si no me pertenecieran.
Volví a leer la carta.
“Me llamaba Eloise. Vivía aquí con mi marido y nuestro hijo. No éramos ricos… pero éramos felices. Hasta que un día todo cambió.”
Se me cayó el alma a los pies.
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