—No tenemos tiempo.
Iván corrió hacia el garaje y empezó a golpear una lámina con una piedra. El ruido rebotó en toda la propiedad. Desde adentro se escucharon gritos de hombres y una puerta que se abría.
Mariana subió la escalera con las piernas temblando. Al asomarse por la ventana, vio a cinco mujeres encerradas en un cuarto. Estaban pálidas, flacas, con la ropa sucia y los ojos llenos de miedo.
Una de ellas se acercó.
—¿Usted encontró mi nota?
—Luz Elena…
La muchacha empezó a llorar.
—Pensé que nadie iba a venir.
—Bajen una por una. Rápido.
Luz Elena fue la primera. Luego bajaron Katia, Brenda, Noemí y Abril. Algunas apenas podían sostenerse. Mariana las guió hacia la parte rota de la cerca.
Pero antes de llegar, se escuchó un grito.
—¡Alto!
Dos hombres venían corriendo desde la casa. Uno llevaba un arma en la mano.
—¡Corran! —gritó Mariana.
Iván apareció junto al garaje y ayudó a pasar a las muchachas por la cerca. Una detonación hizo estallar la corteza de un árbol a centímetros de Mariana.
Luz Elena gritó.
Mariana no se detuvo. Empujó a la última chica, pasó detrás de ella y corrió hacia el carro.
—¡Súbanse todas! —ordenó Iván.
Arrancaron entre piedras y tierra. Las muchachas lloraban abrazadas en el asiento trasero. Mariana llamó a emergencias y dio la ubicación exacta.
Luz Elena apenas podía hablar.
—Me dijeron que iban a matar a mi hermano si escapaba. Por eso no podía irme.
—Ya estás libre —le dijo Mariana, aunque ella misma seguía temblando.
En el Ministerio Público, esta vez nadie se atrevió a burlarse. Cinco mujeres declararon durante horas. Contaron cómo las habían engañado con trabajos de limpieza, estética o restaurantes. Cómo les quitaban el celular. Cómo las amenazaban con hacerle daño a sus familias. Cómo las movían de casa en casa cada vez que sospechaban algo.
El investigador escuchó serio.
—Con esto se abre una carpeta fuerte. Vamos por Montiel.
Pero cuando la policía llegó a la quinta, Elías ya no estaba. Tampoco sus hombres.
Alguien les había avisado otra vez.
Aun así, esta vez había testigos, nombres, direcciones y pruebas. En los días siguientes comenzaron las detenciones. Cayeron choferes, encargados del spa, prestanombres y dos policías que protegían la red.
Fernando vio la noticia en televisión antes de que Mariana llegara a casa.
Cuando ella entró, él estaba de pie en la sala, pálido.
—Dijeron que dispararon contra ti.
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