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Una embarazada desapareció mientras toda la familia esperaba partir el pastel; su novio parecía preocupado, hasta que lo vi tirar una pulsera de hospital y supe que alguien estaba protegiendo una mentira imperdonable

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—Esto no es normal —dijo Sergio, caminando de un lado a otro—.

Ella ha sido exageradamente cuidadosa con todo lo del embarazo.

Yo abrí el clóset buscando ropa, zapatos, cualquier señal de que hubiera salido de prisa. Y entonces vi una caja hasta atrás, tapada con una cobija.

La saqué.

Adentro había 4 vientres falsos de silicón, color piel, con correas elásticas. Cada uno tenía una etiqueta escrita con marcador: “5 meses”, “6 meses”, “7 meses”, “8 meses”.

Sentí que se me congeló la sangre.

—Sergio… ven.

Él apareció en la puerta y se quedó mirando la caja como si no entendiera lo que veía.

—No —susurró—. No, no puede ser.

—Belén fingió el embarazo.

—Yo la llevé a consultas —dijo él, pero su voz ya no sonaba segura—. Bueno… la dejaba afuera. Siempre me pedía que la esperara en el coche. Decía que le daba pena que entrara.

Tomé su laptop. No sé por qué lo hice, pero algo dentro de mí ya sabía que la mentira era más grande. El historial de búsqueda estaba lleno de frases que me revolvieron el estómago: “cómo fingir síntomas de embarazo”, “panza falsa realista”, “ultrasonido editable”, “cómo hacer que una familia crea un embarazo”.

Sergio se sentó en la cama.

—¿Por qué haría esto?

No pude contestarle.

Entonces recordé que Belén había estado recibiendo llamadas extrañas. Se salía al balcón, hablaba bajito y volvía con los ojos rojos. Busqué en los registros porque seguíamos en el mismo plan familiar. El número aparecía varias veces.

No pertenecía a un consultorio.

Era de un área psiquiátrica de un hospital privado en Tlalpan.

Fuimos allá. Al principio nadie quiso decirnos nada. Pero una enfermera nos escuchó mencionar a Belén y nos llevó aparte.

—¿Hablan de una mujer que se metía a clases prenatales sin estar inscrita?

Me mostró un video de seguridad. Ahí estaba mi hermana, sentada al fondo, observando a mujeres embarazadas. Luego apareció siguiendo a una muchacha muy joven en el estacionamiento.

—Esa chica tiene 17 años —dijo la enfermera—. Viene sola. Su familia la corrió cuando supieron que estaba embarazada.

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