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Tras enterarse de que a su madre le quedaban menos…

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—¿Y tus papás, mija?

Valentina tardó en responder.

—Mi papá nunca estuvo. Mi mamá murió hace siete años.

—¿De qué murió?

—De cáncer de pulmón.

El corredor parecía quedarse sin aire.

Rodrigo no quiso seguir escuchando, pero sus pies no respondieron.

Valentina contó que su madre, Consuelo Reyes, había limpiado casas desde los quince años. Que vivían en una casa humilde cerca de Mitla, Oaxaca. Que cuando llegó el diagnóstico, Valentina trabajó hasta reventarse intentando juntar dinero para una cirugía que nunca alcanzó a llegar.

—Murió tres semanas antes de que la atendieran —dijo con una serenidad que solo podía venir de un dolor llorado durante muchos años—. Yo estaba agarrándole la mano. Desde entonces pensé que, si algún día encontraba a alguien pasando por lo mismo, no la iba a dejar sola.

Doña Elena comenzó a llorar.

—Ay, mi niña…

Valentina también lloró, pero en silencio, igual que aquella noche de la rasuradora.

Rodrigo regresó a su estudio sin encender la computadora.

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