ANUNCIO

Solía ​​robarle el almuerzo al chico más pobre de mi clase para humillarlo… hasta que leí la nota de su madre… y algo dentro de mí se rompió para siempre.

ANUNCIO
ANUNCIO

SOLÍA ROBARLE EL ALMUERZO AL NIÑO MÁS POBRE DE MI CLASE SÓLO PARA HUMILLARLO... HASTA QUE LEÍ LA NOTA DE SU MADRE... Y ALGO DENTRO DE MÍ SE ROMPIÓ PARA SIEMPRE.

Yo era el monstruo de la escuela.
Me llamo Sebastián.

Hijo de un político poderoso y una empresaria adinerada. Lo tenía todo: zapatillas caras, un teléfono nuevo cada año, tarjetas ilimitadas... y una casa enorme donde nadie me abrazaba.

Mi objetivo favorito era Tomás.

El chico becado.
Uniforme usado.
Siempre cabizbajo.
Almuerzo en una bolsa marrón arrugada.

Cada recreo era mi espectáculo favorito.

Yo agarraba la bolsa, me subía a una mesa y gritaba:
—¡Veamos qué basura ha traído hoy el principito de los barrios bajos!

La risa estallaba.
Tomás nunca se defendió. Simplemente apretó los puños y aguantó.

Tiraría su comida a la basura y iría a comprar pizza con mi tarjeta.

Hasta ese martes gris.

Ese día la bolsa pesaba menos que nunca.

—¿Qué pasa, Tomás? ¿No te dio para tanto hoy? —me burlé.

Intentó recuperarlo, desesperado.
—“Por favor… Sebastián… hoy no…”

Eso sólo hizo que lo deseara más.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO