Samuel palideció.
—Director, esto es excesivo…
—Excesivo fue lo que usted hizo.
Fernando, el supervisor que se había reído, bajó la cabeza.
Los guardias que lo habían empujado evitaron su mirada.
Augusto se volvió hacia João.
—El banco le ofrece una disculpa formal y compensación por daños morales. Además, quiero proponerle algo.
Samuel levantó la vista, incrédulo.
—Estamos creando un consejo consultivo rural para evitar precisamente este tipo de desconexión entre ciudad y campo. Queremos que usted lo presida.
El salón quedó inmóvil.
João respiró profundo.
Recordó a su padre.
Recordó a María.
—Acepto —dijo finalmente—. Pero con una condición.
Augusto sonrió levemente.
—Dígame.
—Capacitación obligatoria para todo el personal sobre trato digno. Que nadie vuelva a ser medido por sus botas.
Augusto extendió la mano.
—Hecho.
La noticia corrió rápido.
Los mismos videos que mostraban la humillación ahora mostraban la caída del gerente.
Pero João no celebró.
Esa tarde volvió a su campo.
Se quitó las botas.
Caminó descalzo sobre la tierra roja.
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