El nombre “hoyuelos de Venus” no proviene de la medicina, sino de la mitología romana. Venus, diosa del amor y la belleza, inspiró este término poético utilizado durante siglos para evocar ciertos rasgos físicos considerados armoniosos.
En el imaginario colectivo, estos hoyuelos se han asociado a veces con la estética o la sensualidad. Sin embargo, la ciencia nos recuerda un hecho fundamental: no existe ningún vínculo entre este rasgo y características como el encanto, la vitalidad o la personalidad. La belleza sigue siendo una noción profundamente subjetiva y cultural.