El misterio del huevo: algo que a menudo pasamos por alto… sin siquiera darnos cuenta.

Empecemos de nuevo con calma:
- Empiezas con 6 huevos.
- Rompes dos huevos, fríes esos mismos dos huevos y luego te comes esos mismos dos huevos otra vez.
No hay indicios de que hayas usado otros. En otras palabras, simplemente procesaste los mismos dos huevos de principio a fin. Es como decir: “Tomé un cruasán, lo corté, lo unté con algo y me lo comí”. No tienes tres cruasanes… solo usaste uno.
Y ahí es donde nuestra lógica falla: pensamos en términos de acciones distintas, no de ingredientes idénticos.
Resultado: te quedan 4 huevos, sanos y salvos, intactos, listos para una tortilla o un pastel de domingo.