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Elimine cualquier fuente de agua estancada.
Los mosquitos no nacen en los arbustos, sino en el agua. Un plato bajo una maceta, una canaleta obstruida, un neumático viejo lleno de agua de lluvia: estos son los criaderos ideales para los mosquitos. Vacía, tapa o cambia el agua de cualquier recipiente al menos una vez por semana.
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Siembra su pesadilla en tu jardín.
Hierba limón, lavanda, menta, albahaca, caléndula: estas plantas desprenden aromas que repelen a los mosquitos. Además de refrescar tu balcón, crean una eficaz barrera natural. Y como ventaja adicional, ¡atraen a las abejas, no a los mosquitos!
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Usa repelentes… pero los adecuados.
Los repelentes que contienen DEET (hasta un 15 %) o icaridina (20-25 %) son muy eficaces. Aplíquelos solo en las zonas expuestas, nunca debajo de la ropa. Y, sobre todo, no exceda las tres aplicaciones diarias.
Si prefieres alternativas naturales, el aceite de eucalipto limón es el más eficaz. Otros aceites como el de geranio rosa, tomillo, clavo o menta también pueden ayudar, pero sus efectos suelen durar menos tiempo.