Comprendí entonces que el amor verdadero no se mide por cuánto sacrificas, sino por lo que inspiras.
Yo la crié con dedicación.
Ella me devolvió propósito.
Y esa noche, mientras apagábamos las luces del Centro Comunitario Elena Martínez, supe que no había sido una carga.
Había sido raíz.
Y las raíces, cuando se cuidan bien, no se abandonan.
Se honran.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»