El licenciado Alberto llevó toda la información al comandante Vega, un hombre serio de carrera, que ya había trabajado en casos de homicidio y fraude. Él analizó todo, los mensajes, las heridas de Ricardo, la línea del tiempo y ayudó a ayudar. armaron el operativo. El día del encuentro entre Beatriz y Andrés habría policías encubiertos en el hotel, micrófonos ocultos en la habitación, cámaras, todo para captar el momento en que ella entregara el dinero y hablaran abiertamente del crimen. Y Ricardo, Ricardo estaría ahí escondido esperando el momento justo, el momento de volver de entre los muertos y destruir el plan perfecto de Beatriz.
La semana pasó lenta. Cada día parecía de 48 horas. Ricardo estaba cada vez más ansioso. Caminaba por la casa, dentro de los límites, siempre lejos de las ventanas, como león enjaulado. El yeso ya le molestaba menos, las otras heridas cicatrizaban. Pero la herida emocional, esa estaba lejos de sanar. Yo intentaba mantenerme distraído. Cocinaba sus platillos favoritos. Veíamos juntos películas, hablábamos de Miguelito, de cómo sería cuando lo recuperarámos, de la vida después de que todo esto terminara. ¿Crees que me perdone?, preguntó Ricardo una noche mientras cenábamos.
Perdónarte. ¿Por qué? Por haber desaparecido, por dejar que pensara que me morí, por haberle causado todo ese trauma, le tomé la mano. Hijo, tú no causaste ningún trauma. Fue Beatriz. Tú eres la víctima aquí y Miguelito lo va a entender. Tal vez no ahorita, pero cuando crezca, cuando pueda procesar todo, lo entenderá y estará agradecido de que lucheste, de que sobreviviste. Eso espero, porque la culpa me está matando, mamá. Todas las noches sueño que está llorando, llamándome y yo no puedo ir con él.
Unos días más, solo unos días más. Y entonces podrás abrazar a tu hijo otra vez para siempre. El día finalmente llegó. Viernes, el día del encuentro entre Beatriz y Andrés. El licenciado Alberto llamó temprano. Ya está todo listo. El comandante Vega y su equipo están posicionados. El hotel está preparado. Logramos que Andrés reservara la habitación sin saber que es una trampa. Beatriz se verá con él a las 3 de la tarde y Ricardo se viene conmigo a las 2.
Entramos discretamente. Se queda en una sala de monitoreo que la policía armó en el hotel. De ahí podrás seguir todo y cuando sea el momento entrará a la habitación. ¿Será seguro? La policía estará justo afuera de la puerta. Armados. Si Andrés intenta cualquier cosa, será sometida de inmediato. Colgué. Miré a Ricardo. Estaba vestido con ropa oscura, una gorra bien puesta, lentes oscuros, tratando de ser lo más discreto posible. “¿Listo? Pregunté más que nunca. Lo abracé fuerte, como si fuera la última vez, porque de alguna forma lo era.
Era la última vez antes de que todo cambiara, antes de que toda la verdad saliera a la luz. Ve allá y termina con esto y trae a mi nieto de vuelta. Lo haré, lo prometo. Me quedé en casa sola esperando. El licenciado Alberto me había dado un número para llamar por si necesitaba, pero el plan era quedarme quieta, dejar que los profesionales hicieran su trabajo, pero la ansiedad era insoportable. Caminaba de un lado a otro. Miraba el reloj cada minuto, las 2 de la tarde.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»