Y por primera vez en mucho tiempo…
Ella respiraba libremente.
Sin miedo.
Sin permiso.
Sin cadenas.
Porque lo que Álvaro creía que era poder…
Solo fue prestado.
Y cuando desapareció…
No le quedaba nada.
Pero ella…
Incluso marchándose con las manos vacías—
Nunca perdí lo que más me importaba.
Sí misma.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»