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Mi madre levantó la mirada con una sonrisa educada, la misma que siempre usaba cuando conocía a algún compañero mío de la universidad.

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preguntó mi madre con voz quebrada.

Henrique respondió con cuidado:

—Henrique… Henrique Carvalho.

Mi madre cerró los ojos.

Una lágrima cayó por su mejilla.

—Tu nombre… antes era otro.

Henrique frunció el ceño.

—No entiendo.

Mi madre respiró profundamente.

—Hace veintidós años… yo tenía un hijo.

Sentí que el aire se volvía pesado.

Henrique la miró en silencio.

—Era un bebé —continuó ella—. Tenía apenas unos meses.

Su voz empezó a temblar.

—Una noche… hubo un incendio en el hospital.

Mis manos empezaron a sudar.

Nunca había escuchado esa historia.

—Hubo caos… humo… gente corriendo…

Mi madre apretó los puños.

—Y mi hijo desapareció.

El silencio se volvió absoluto.

Henrique parecía petrificado.

—Los médicos dijeron que probablemente murió —continuó ella—. Pero nunca encontraron su cuerpo.

Sus ojos volvieron a la cicatriz.

—Mi bebé tenía una marca en la ceja… igual que esa.

Mi corazón latía con tanta fuerza que me dolía.

—Mamá… eso es imposible…

Henrique dio un paso atrás.

—Yo fui adoptado —dijo lentamente.

Mi madre lo miró como si el universo acabara de abrirse frente a ella.

—¿Qué?

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