El juez Mendoza clavó sus ojos en Valeria. Por un segundo casi imperceptible, sus manos temblaron sobre el mazo, pero su voz salió firme y metálica:
—Señora Valeria, el tribunal observa que no tiene representación legal presente. ¿Desea representarse a sí misma o permitir que procedamos con las peticiones de la parte demandante?
Diego y Camila se cubrieron la boca para ocultar sus risas. Doña Mercedes negó con la cabeza, disfrutando el momento. Valeria se levantó lentamente, ajustó su vestido y miró directamente al juez.
—Su Señoría —dijo con una voz que llenó cada rincón de la sala—, sí tengo representación.
Diego frunció el ceño, confundido. En ese instante, el juez Mendoza golpeó el mazo por primera vez. El sonido fue como un disparo en el silencio del tribunal. ¡Toc!
Justo después del impacto, las puertas pesadas al fondo de la sala se abrieron de par en par. La figura de una mujer vestida impecablemente de blanco entró con paso firme, seguida por 2 asistentes y un grupo de peritos de la Fiscalía. Era la licenciada Sofía Herrera, la abogada más poderosa y temida del país.
Caminó directamente hacia Valeria, le puso una mano en el hombro y declaró con una potencia que hizo que a Diego se le cayera la mandíbula:
—Su Señoría, represento a la ciudadana Valeria Mendoza, hija legítima de este tribunal y del juez Ernesto Mendoza, cuya identidad fue legalmente restituida tras una prueba de ADN. Venimos no solo a reclamar su patrimonio, sino a presentar denuncias penales por fraude y falsificación.
El silencio fue absoluto. El color desapareció del rostro de Diego, mientras Camila se sujetaba a la mesa con las manos temblorosas. No podía ser cierto. No podía ser que la “huérfana de Puebla” fuera la heredera de una de las estirpes legales más influyentes de México. No podía creer lo que estaba a punto de suceder…
PARTE 2
El aire en la sala del tribunal parecía haberse congelado. Diego Salazar intentó articular una palabra, pero solo emitió un sonido gutural. Doña Mercedes se puso de pie, con los ojos desorbitados, dejando caer su bolso de diseñador al suelo. El silencio fue roto por la voz profunda y vibrante del juez Ernesto Mendoza, quien se quitó los lentes con una lentitud que infundía terror.
—Dada mi relación de parentesco directa con la demandada —declaró el juez, mirando a Diego con un desprecio que no podía ocultar tras la toga—, me declaro formalmente impedido para dictar sentencia en este caso para asegurar la imparcialidad. Sin embargo, antes de turnar el expediente, dejo constancia de que han entrado pruebas de carácter criminal que este tribunal no puede ignorar.
La licenciada Sofía Herrera dio un paso al frente y dejó caer un pesado fajo de documentos sobre la mesa de la defensa. El impacto sonó como una sentencia.
—Aquí están los estados de cuenta reales, no los maquillados que el señor Salazar presentó —dijo Sofía—. Hemos rastreado la transferencia de 2 millones 300 mil pesos a una cuenta en el extranjero a nombre de la señorita Camila Robles. Pero eso no es lo más grave.
Sofía miró a Diego, quien ahora sudaba copiosamente.
—La casa de Coyoacán, esa que usted reclama como suya, fue adquirida mediante un fideicomiso establecido por la madre biológica de Valeria hace 25 años. Usted falsificó la firma de mi cliente en 14 documentos diferentes para intentar poner la propiedad a nombre de su empresa fantasma. Tenemos los peritajes caligráficos listos.
Camila, al escuchar la cifra de dinero y las palabras “denuncia penal”, soltó el brazo de Diego como si quemara.
—¡Diego, tú me dijiste que todo era legal! —chilló ella, rompiendo en un llanto histérico que no buscaba consuelo, sino impunidad—. ¡Yo no sabía nada de firmas falsas! ¡Yo solo quería lo mejor para el bebé!
Valeria se giró hacia ellos. Por primera vez en años, no sintió el peso de la humillación ni el miedo a la soledad. Se sintió entera.
—Tú dijiste que yo no era nadie, Diego —dijo Valeria con una calma que hería más que un grito—. Dijiste que una basura como yo no tenía derecho a nada. Pero el silencio no es debilidad, es estrategia. Mientras tú gastabas mi dinero en hoteles y lujos para tu amante, yo estaba encontrando mis raíces.
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